Marcela la del barrio

Denise y yo nos volvimos a cruzar en el pasillo. Aprovechando que Marcela no estaba, Napo hizo de las suyas y la puso caenchi.
Palabra va, palabra viene, fuimos a su habitación y arrancaron las caricias y los besos.
Todo muy lindo, pero en el momento de la acción, no podía dejar de pensar en esos pendejos de mierda.
Aunque le puso ganas, no logré activar. Tenía la pija más muerta que el partido radical.
Al final terminé bajando, como para compensar la cosa. Y en medio de todo cayó la amiga y no saben el quilombo que se armó.
Si sumamos la tonada y el tono dramático, el griterío parecía salido de una telenovela. Lo que arrancó en insultos y empujones, terminó en tirones de pelo y arañazos. Por lo que decían, parecía que el quilombo ya venía de antes. Un hermano peteado por aquí, una entregada de rosquete al novio de la otra por allá. Una cosa de locos.

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Guachos buchones

¡Ya caí en quienes son los pendejos! ¿Se acuerdan de la amiguita de Isidoro y el nene que se comió el roscazo? ¡No la palmó! Solamente quedó hecho mierda ¡Y de alguna manera él o el hermano me reconocieron! Ahora sí estoy hasta la pija.
Miro el calendario de la notebook y me faltan solamente tres días para la operación. La guita de mi viejo es lo único que me puede salvar en este momento.

Asesino por naturaleza

En estos días sin revisar el Facebook, la movida de Agustina había seguido creciendo.
Además de las bardeadas de siempre, se sumó la palabra “asesino”.
Se me paró el corazón. No lo puedo creer. Es el comienzo del fin. No falta mucho para que alguien sume dos más dos  ¿De qué lado puede venir el quilombo?  ¿Isidoro? ¿Miriam?¿Los narcos? ¿La pendejita? ¿El Tano? ¿El marido de Sasha? ¿El pelado? ¿El laucha?
Tremenda la cantidad de gente que me cargué…

Los mensajes remiten a un tal Raúl. Según su muro, es comerciante, vive en Capital y tiene dos pibes, uno en silla de ruedas.
Hay algo en la cara del paralítico que se me hace conocido…
Al otro también lo tengo visto.

Napoleón contraataca

Volví a desayunar con las colombianas.
Marcela me acariciaba y besaba como si fuese el novio de hace años ¡Que densa!
Mientras tanto, mi cabecita imaginaba como hacer para entrarle a Denise.
¿Napo estaría listo para una nueva misión? Solo había una forma de averiguarlo.
La transpiración y contracciones espasmódicas de Denise fueron la confirmación perfecta ¡Mi Rey estaba de vuelta en el juego!
Solo faltaba agarrarla sola y calentarla hasta que explotara.

Amor a la colombiana

El paseo anduvo bárbaro ¡Que fácil es gustarle a las minas cuando uno tiene guita! Nos tomamos un tacho, fuimos al puto puente de la mujer y de ahí a tomar algo un bar con onda.
Las guachas no paraban de reírse, dijera lo que dijera.
Marcela (la gorda) se la pasó tocándome (quería pija), pero a mí me iba Denise (la más potable).
Entre las dos se pusieron de acuerdo y a la hora de volver al hotel, Denise se tomó el palo.
Como hacía mucho que no la ponía, le entré a la gordita sin muchas pretensiones.
Arranqué con una degustación de mariscos y se me vino el océano encima. Por lo que descubrí, los flacos de esos países son bastante secotes a la hora de atender a sus mujeres.
Con que les diga que la hice acabar como seis o siete veces al hilo…. No veía algo semejante desde la época de la sex machine.

Collage

A la mañana, mientras estaba echado en la cama, se me dio por levitar una servilleta. La llevé hasta el techo y, de alguna manera, la dejé pegada.
Hice lo mismo con un carilina, un volante, el papel del Kinder. Cuando me quise dar cuenta, había formado flor de collage.
Hubiese estado bueno tener papel celofán y pegarlo a las luces, para dar sensación de boliche.